
" Soy artes(Ana) de retratos; mi oficio es darle a los recuerdos
un lugar a donde vivir para siempre. "
Desde niña me obsesioné con observar la manera en que la luz se dibujaba sobre las cosas.
Me intrigaba cómo un rayo de luz podía atravesar algo diminuto y proyectar una imagen en la pared como un acto de magia fascinante.
En la universidad, entré por primera vez a un cuarto oscuro. Nunca olvidaré la hoja blanca flotando en la cubeta de químicos… y la loca alquimia que hacía aparecer, lentamente, e impredeciblemente una imagen.
Mi camino profesional me llevó durante años al universo de la moda y la publicidad. Trabajé en la parte creativa y conceptual de campañas, producciones y desfiles junto a grandes marcas y fotógrafos de Latinoamérica. Un mundo deslumbrante, lleno de imágenes cuidadosamente construidas.
En medio de toda esa belleza me canse un poco de imitar los estereotipos perfectos de la moda. Necesitaba algo más real. Quería contar historias de carne y hueso.
Así que empecé a experimentar con el retrato y encontré un propósito de vida. Entendí que quien se paraba frente a mi lente tenía mucho que decir, su historia era digna de ser recordada.
Entendí cada retrato como un acto de presencia y amor propio y le di a mi oficio la misión de preservar ese recuerdo que un día seremos.
Me inspiro en los fotógrafos clásicos. Por eso mis fotos no se quedan en la pantalla, ni se pierden en el mar de lo digital, quiero devolverle la vida a esos retratos que viajar por el tiempo, se convierten en legado y que se heredan generación tras generación.
Por eso al estilo de los grandes maestros, yo custodio el negativo de tu foto mientras tu recibes una obra impresa en papel de enmarcada de manera impecable y firmada por mí, que soy la artesana de los retratos del teatro de Luces y Sombras.
He estudiado de manera muy experimental la luz de los pintores barrocos como Caravaggio y Rembrandt para encontrar ese lenguaje en el que el tiempo se detiene y te hace viajar en la memoria. Me conmueve profundamente ese instante en que alguien deja de posar y simplemente aparece. Hay Mucha magia en este momento: Cuando tomo un retrato, si observas con atención los ojos de la persona fotografiada, verás que en la pupila aparece un reflejo diminuto. Una silueta casi imperceptible.
Esa soy yo. Testigo y cómplice de ese instante.
Pasarán los años y, algún día, alguien mirará ese retrato y sabrá que estuvimos aquí. Porque un retrato es más que una fotografía. Es una forma delicada y obstinada de decirle al tiempo: Alguien estuvo aquí, alguien fue amado, y esta luz decidió preservarlo.

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